
“¿Estás seguro de que este es el sitio correcto?” preguntó una voz temblorosa y que parecía entrar en pánico. “Créeme. Hasta ahora, este mapa que conseguimos de ese mendigo ha funcionado para evitar a los Naga. ¡Piensa en los tesoros que nos esperan!” una voz calmada respondió.
Dos aventureros – uno vestido con una armadura pesada con unos hombros como la espalda de un toro, el otro pequeño y ágil, vistiendo cuero negro – se fueron introduciendo más y más profundo en la cueva bajo el Volcán Aotulia, justo en el corazón del hogar de los Naga.
Lento y con cuidado para evitar posibles peligros , atravesaron el laberinto con unos pasillos que parecían no tener fin, los mismos brillaban con unas llamaradas feroces. Al final de su largo camino alcanzaron un habitáculo tan gigantesco que sus antorchas no eran lo suficientemente brillantes para iluminarlo por completo. Todo lo que veían eran algunas monedas de oro esparcidas a su alrededor directamente en frente de ellos en el suelo.
“¡Mira, por fin hemos llegado!” exclamó el pícaro, corriendo para hacerse con el Tesoro.
“¡Alto, para!” gritó el caballero, tratando de evitar que su compañero realizara algo terriblemente malo…
…Pero fue demasiado tarde. Unos ojos que brillaban como el fuego avanzaron desde la oscuridad de la cueva. Un profundo estruendo se extendió por toda la cueva, sacudiendo el suelo y como una pesadilla terrible las dos pobras almas descubrieron que era…
¡El Demonio Dragón !
De las cinco razas antiguas de dragones, los Dragones Flameantes son la especie más fuerte y poderosa.













Share









